Durante los últimos meses me he arrimado al deporte más que en toda mi vida. Y a pesar de mi absoluta ignorancia en la práctica totalidad de las modalidades, el gusto y las ganas de aprender me van arrimando a la definición de "novato".

La escalada es quizá la modalidad más conocida del deporte vertical pero existen otras como las vías ferratas: recorridos a menudo verticales a través de montañas rocosas, equipadas con "pates" (escalones de acero corrugado, el de las obras, incrustados en la roca) y cadenas para permitir el avance. Y como medida de seguridad; casco, guantes y un cable de acero, anclado a la roca cada cierta distancia, al cual se va permanentemente enganchado mediante "disipadores" (cintas elásticas capaces de absorber parte de la energía en caso de caída).
Hace unas semanas, fuimos a Lleida, a la ferrata "Regina". Por aquel entonces no la terminamos por la incertidumbre de la metereología. Fui mi iniciación en este deporte, una experiencia increible.

Pero esta semana nos quitamos la espinita... no sólo culminamos la Regina (dejando constancia en su libro de firmas), sino que continuamos nuestra aventura en Andorra. Llegamos cansadísimos y muy tarde. Sin ganas de montar las tiendas, tuvimos la opción de dormir en bungaló... y aunque era prefabricado y cutre, en esos momentos fue como un palacio. Estuvimos en Canillo, hicimos la ferrata "Roc de Quer", más conocida como "la directísima", (viendo la foto, entendeis el por qué del nombre, no?). Por cierto, esta foto y las siguientes no son nuestras.... la logística no dio para echar una cámara de fotos en la mochila. Mis disculpas por la estafa visual.
Pues bien, esta vez terminamos algo más temprano, dándonos tiempo para dirigimos al refugio de Sorteny, donde saqué mi vena penosa como leñador y mis amplios conocimientos de supervivencia.....

Las siguientes imagenes corresponden a la ferrata "Roc d'Esquers", situada en Escaldes d'Engordany, cerca de Andorra la Vella. Una ferrata con bastante vegetación en comparación con las demás, y cuyo recorrido de vuelta a través de los senderos la hizo especialmente atractiva. La imagen de la derecha es el comienzo y la de la izquierda el tramo "estrella" del recorrido: el puente tibetano de una cadena con sus amarres simples y el cable de seguridad. Al fondo, la capital Andorra la Vella.


Pero no podíamos abandonar Andorra sin disfrutar de caldea: Un balneario con todo tipo de saunas, baños, jacuzzis, etc. con su club de socios, zonas vips.... en definitiva, el ambiente perfecto para ricos que no saben gastar el dinero y el menos indicado para entrar hechos unos guarros, oliendo a tigre y aprovechando sus hervideros de agua para despiojarnos. Para hacerse una idea, por 2 horas pagamos 23 €. Pero bueno, mereció la pena. Tiene una salida al exterior, para disfrutar del baño al aire libre. Media hora antes de cerrar, en torno a las 22:30, hay un espectáculo de luces, pirotecnica, humo y agua mientras terminas de disfrutar de los baños. Así que si vais, a última hora!!. Esto fue lo que dio nuestro viaje de 4 días. Sin duda inolvidable...